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Sobre la fundación bizantina, los árabes levantaron una muralla medieval que, tras la conquista portuguesa, se transformaría en la moderna fortificación que aún persiste. El carácter de Ceuta como ciudad-frontera y como puerta-puente de paso para distintas civilizaciones, ha propiciado tal proceso y permanencia a lo largo de casi quince siglos.
Su importancia en relación con otras estructuras defensivas similares deriva de su magnitud, de su encuadre urbano y de sus peculiares características, siendo el único ejemplo existente de arquitectura militar renacentista en España con un foso navegable que en la actualidad puede seguir utilizándose para el tránsito marítimo.
Las Murallas Reales conforman una fortificación permanente abalustrada compuesta por varias líneas defensivas (macizos, fosos, espigones y un sistema de galerías de minas y contraminas) que configuraba el frente occidental del recinto de la Ciudad hacia su Campo Exterior y entre las líneas de costa norte y sur.

En época portuguesa (1541-1549) se levantaron las dos cortinas de la Muralla Real y sus baluartes, con el foso navegable y su puente levadizo. El cerco de Muley Ismail (1694-1727) motivó el avance de las defensas de la Plaza, desarrollado en la primera mitad del siglo XVIII con posteriores reformas y reparaciones. Ya en el presente siglo, las obras del puerto y del ferrocarril, así como diferentes trabajos de urbanización, hicieron desaparecer la última línea y la parte norte del resto, junto con todas sus obras marítimas.
La escarpa de las Murallas Reales ha permanecido casi intacta con todos sus elementos: los baluartes de la Coraza Alta, de la Bandera y de los Mallorquines, enlazados por sus dos cortinas, así como su prolongación en el Espigón de la Ribera. Al otro lado del Foso Real se alzan los restos de las Fortificaciones Exteriores: sobre la contraescarpa el hornabeque que forma los semibaluartes de San Pedro y Santa Ana; a continuación la Plaza de Armas y, más allá, el ángulo de San Pablo, el revellín de san Ignacio y la contraguardia de San Javier, separados por sus respectivos fosos secos.