A comienzos de siglo es el propio elemento militar quien encabeza la reforma integral de Ceuta. Ellos son quienes propugnan la desaparición de puertas, puentes y rastrillos, los que ensanchan caminos y carreteras, deseando el engrandecimiento de la ciudad. Francisco Fernández Bernal y Felipe Alfau Mendoza serán sus promotores.

En 1904 se constituye la Junta del Puerto, que se hace cargo del muelle
de Comercio y comienza muy pronto la construcción de los nuevos de la Puntilla,
España y Alfau. En 1911 se suprime el Penal y así, al nombrarse Alto Comisario
de España en Marruecos al General Alfau, Ceuta está ya puesta en situación de
adquirir el papel de enlace entre culturas que le caracterizó hasta la época
medieval.
La población comienza a crecer, en parte por la prosperidad y los negocios que se preven, pero no menos por la necesidad de mano de obra para la construcción del puerto, el ferrocarril Ceuta-Tetuán, las vías de comunicación y viviendas. Lo que en los años 10 es un tímido crecimiento, en los 20 se convierte en bullicio económico, social y cultural. Sólo había un hecho que entristecía a la población: la guerra. Pero esta verá su fin en 1927 y así nada entorpecía el futuro. La paz será inaugurada con el viaje de Sus Majestades los Reyes y en él inaugurarán el puerto y el Palacio Municipal.

Los ceutíes no se comportan de forma diferente al resto de los españoles
y en 1931 se acoge la II República con entusiasmo. Con ella se recupera el
Ayuntamiento, suprimido por el General Primo de Rivera y convertido en Junta
Municipal, mientras que la enseñanza, monopolizada por el Patronato Militar y
las Ordenes Religiosas, se laiciza. Partidos políticos y sindicatos
protagonizan la vida local, como en cualquier otro punto del país.
En 1936 se subleva el ejército de Marruecos. La ciudad cae inmediatamente en manos de la guarnición y se produce un enfrentamiento civil común al de otros lugares. Sin embargo hay un matiz que la diferencia: no hay guerra. No da tiempo a ello, pero se sufren primero, los efectos de la entrada de quienes habrán de ganar la contienda y, luego, las bajas producidas en el frente por los muchos hombres que participan en ella. Nada volverá a ser como antes.

Tras la paz, Ceuta se bate entre el racionamiento, el desfase entre su
población y la vivienda, y la rivalidad sin competencia con Tetuán. Pero todo
tiene un fin y este llega en 1955, con la independencia de Marruecos. Es en este
momento en el que el Estado descuida aspectos importantes para el futuro de
Ceuta y Melilla, derivados de la no exigencia del reconocimiento por el nuevo
estado de ambas ciudades y como consecuencia la falta de establecimiento de
fronteras comerciales, la ausencia de aduanas y suspensión de líneas regulares
de transporte como el ferrocarril, autobuses, etc.
El ejército se retira paulatinamente, dirigido desde nuestra Ciudad, que
se llena de altos mandos otorgándole una representación de lujo. Es una época
que verá su fin a partir de 1966, año en el que dejan de nombrarse Tenientes
Generales para un territorio que ya no estaba ocupado, y los Comandantes
Generales tornan a su verdadero posicionamiento. Así mismo, se produce un
cambio en la Delegación del Gobierno, que pasa a unirse temporalmente al
Alcalde de la Ciudad, para independizarse años más tarde.
En esos años el comercio vive su apogeo por las ventajas fiscales y de
franquicia que disfruta así como por la carencia de productos extranjeros en un
país que prospera y desea novedades, durando hasta la liberalización en la
concesión de licencias de exportación. Al tiempo, sólo se miraba por el
comercio, ignorándose la situación de una industria pesquera que fue trasladándose
a la península paulatinamente y con ella la flota. El último golpe vendría
desde el puerto, que perdió también la ocasión de seguir la modernización de
sus competidores más cercanos. Es el principio de una crisis que, en buena
parte, aún campa por sus respetos.
Con la transición política, la Ciudad se suma al cambio, coincidiendo
en las elecciones generales con el resultado nacional mientras en las
municipales se desfigura al entrar en liza opciones puramente locales. Hay también
un movimiento autonomista fuerte, que tendrá reacciones importantes durante el
gobierno socialista, con una manifestación multitudinaria en 1986 y protestas
en Madrid, en 1994, que culminarán con la aprobación de un Estatuto de Ciudad
Autónoma, promulgado por Ley Orgánica 1/1995 de 13 de marzo. Desde entonces se
produce una paulatina descentralización con traspasos de funciones y personal
desde la administración del Estado a la Autonómica, que aún está en su
inicio, pero que ha dado a Ceuta una mayor representatividad institucional.
Por otra parte, la entrada en la Unión Europea trajo fuertes inversiones estructurales las cuales, sin duda, han estimulado la economía local, pero que aún no han logrado aprovechar todas las ventajas que el régimen económico-fiscal que se disfruta en Ceuta puede ofrecer. Además, con la firma del Tratado de Schenguen los siete kilómetros de límite terrestre se han convertido en la frontera sur de Europa, a la que ésta encomienda la labor de acogida controlada de inmigrantes que buscan la prosperidad idealizada en el norte. Fruto de esta política migratoria nos encontramos con una masiva entrada de inmigrantes argelinos y subsaharianos que se quedan atrapados entre el mar y las alambradas. La solución ha de darse aquí, pero desde la UE, ya que el problema existirá en donde se marquen las fronteras, independientemente de la ciudad, el país o el continente en que se sitúen.
